miércoles, 1 de abril de 2009

En tus ojos

¿Y qué de tus -olvidadas- palabras?

Me consuelo viendo en los ojos del cervatillo del bosque cómo se reflejan los niños del Hoy, jugando, riendo, abrazando la alegría.
Cual si de niños que por primera vez sienten el Mar, lo ven, lo huelen, lo acogen en sus entrañas. Lo balancean y lo mecen hasta que su rugir se apaga, en silencio.

Silencio, silencio. Adiós, frente a tus ojos lo digo.

Toledo (me) aparta entre murmullos que huyen, reúne las condiciones para una noche eterna, bella, sin voces, sin suspiros muertos, sin más polvo entre flores yacentes.

Sin más lamentos.

Me asomaré en tu balconada como niña que soy, para observarte, olerte y acogerte en mis entrañas. Te balancearé y meceré hasta que el rugido incesante de tus calles, tan juntas, cese, como siempre, con el esperado silencio.

Silencio, silencio. Adiós, en tus ojos lo repito.

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Hoy, doña Melancolía ha vuelto a visitarme, e ilusa e ingenua de mí, le he vuelto a abrir la puerta.

Y eso que ya imagino Madrid, la enorme silueta, entre las nubes, los cielos, y las ventanas de un nuevo avión, un transitable lugar al que poder asomarme para quitarme los miedos, para desenmascarar velos...

1 comentario:

  1. No es malo dejar que te visite la melancolía. Sí, dejar que se quede a vivir contigo. Es una buena visitante ocasional y, sin embargo, una mala compañera de viaje.
    Tengo muy buenos recuerdos de Toledo y, como a ti, me inspiran cosas preciosas.
    Un beso de Fran de Loksli

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